‘Soft power’, cuando Iker Casillas es más importante que Zapatero

soft power o poder blando

El llamado ‘poder blando’ sirve para extender la influencia de un país sin necesidad de acciones militares. La cultura pop y el deporte, las nuevas bazas diplomáticas.

El triunfo de España en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica supuso mucho más que una victoria deportiva. Muchos destacaron los beneficios que traería a la maltrecha economía española y su función como una campaña de imagen sin precedentes, más allá el deporte. Tras el (ahora deshinchado) triunfo de Obama en Estados Unidos y el resto del mundo, hasta los políticos que no saben utilizar el correo electrónico saben de la importancia del poder blando.

¿Qué es el soft power?

El término fue acuñado en los años noventa por el investigador de Harvard Joseph Nye, que opone el poder blando al poder duro. Éste último es la herramienta que las naciones han utilizado tradicionalmente para obtener un beneficio a la fuerza o hacer imponer su criterio, es decir, la guerra y el poder militar. El poder blando, por el contrario, es intangible y se basa en la atracción, en conseguir las cosas por la admiración que un país despierta, ya sea por sus éxitos deportivos, por sus valores, por la expansión de su idioma o por su exportación de iconos culturales.

Este mecanismo es, en realidad, bastante antiguo, y no es exclusivo de las democracias: por ejemplo, toda la idiosincrasia creada por Hitler fue un ejercicio de poder blando. Pero la globalización, con la posibilidad de expandir un producto o una idea a cualquier rincón del planeta, es la que ha hecho del poder blando una nueva vía para conseguir beneficios (no sólo para un país, sino también para un candidato electoral o la organización de un equipo de trabajo).

Desde la aparición de este concepto en el ámbito de las relaciones internacionales, muchos los han criticado diciendo que sus defensores lo sobrevaloran. De hecho, el secretario de Defensa de EEUU en 2003, Donald Rumsfeld, contestó al ser interrogado sobre el poder blando: «No sé lo que significa». Sin embargo, es innegable la influencia, por ejemplo, de Hollywood, en la expansión de la cultura norteamericana y por tanto del poder estadounidense.

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Nye no cuestiona la importancia del soft power, y llega a decir en un artículo que «si Yaser Arafat hubiera elegido el modelo de poder blando de Gandhi o Martin Luther King en lugar del poder duro del terrorismo, podría haber atraído a más israelíes moderados y ahora ya tendría un Estado palestino».

El chino y la Coca-Cola influyen en las relaciones internacionales

Que sea intangible no quiere decir que no se puedan identificar las armas del poder blando. En su número de diciembre de 2010, la revista Monocle ha llevado a cabo la que asegura que es «la primera Encuesta Sobre el Poder Blando» teniendo varios parámetros en cuenta: el número de corresponsales foráneos en un país, la audiencia extranjera de sus medios de comunicación públicos, las medallas ganadas en los últimos Juegos Olímpicos, la cifra anual de turistas, el número de patentes registradas por año o las misiones culturales fuera del estado.

Así, destaca por ejemplo el esfuerzo de China por aumentar el conocimiento de su idioma y su cultura a través de los Institutos Confucio. Generalmente, las formas de poder blando son la cultura (donde entran tanto cantantes famosos internacionalmente como David Bisbal a marcas globalizadas como Coca-Cola, pasando por el fútbol), los valores (como el ‘sueño americano’ o la sociedad del bienestar sueca) y la política exterior (como haber firmado el Protocolo de Kyoto o promover la Alianza de Civilizaciones).

El soft power español

En su clasificación de países en función de su capacidad para ejercer el poder blando, Monocle sitúa a España en décimo lugar, por detrás del Reino Unido y Francia (que comparten el primer puesto), Estados Unidos, Alemania, Suiza, Suecia, Dinamarca, Australia y Finlandia. Centrada en el año 2010, la revista destaca los éxitos en el deporte, no sólo de la selección de fútbol sino también del tenista Rafa Nadal.

La publicación también apunta como herramientas del poder blando a la política exterior de José Luis Rodríguez Zapatero, con lo que llama una «ofensiva de encanto» de la que forma parte la retirada de las tropas españolas de Irak en 2004. También, no obstante, recuerda el daño sufrido por la imagen de España durante la crisis económica, con el estallido de la burbuja inmobiliaria y las cifras del paro disparadas.

En realidad, el arma tradicional del poder blando español es y siempre ha sido el turismo, ya que tal como recuerda la revista España es el tercer país más visitado del mundo -con la marca «I love Spain», el nuevo «Spain is different», en autobuses y vallas publicitarias de todo el globo-, aunque no hay que despreciar el idioma, hablado por 500 millones de personas y en creciente expansión.

En definitiva, tal como advierte el propio Joseph Nye en otra de sus publicaciones sobre el poder blando, «el hecho de que un extranjero beba Coca-Cola o lleve una camiseta de Michael Jordan no siginifica en sí mismo que Estado Unidos tenga control sobre él». Pero, en el ámbito de unas relaciones internacionales globalizadas, ayuda.

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