Los ‘hackers’ activistas, ¿revolucionarios del siglo XXI?

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Héroes para algunos, peligrosos delincuentes para otros. Son el más notable grupo antisistema tras ganar titulares con los ataques informáticos en defensa de Wikileaks o contra la ‘ley Sinde’.

Hasta hace poco, casi siempre que se hablaba de los hackers o piratas informáticos se les relacionaba con la creación y envío masivo de virus o la vulneración de las barreras de seguridad de organismos públicos, empresas e incluso redes sociales. Pero en 2010, el año de Wikileaks, todo cambió.

Desde que el colectivo de internautas Anonymous inició una campaña para que se liberara al portavoz de Wikileaks, Julian Assange, se ha empezado a tomar en cuenta a los piratas informáticos que hacen de su vocación un instrumento para luchar contra el poder establecido, y los hacktivistas (activistas hacker) comienzan a perfilarse como la nueva contracultura.

¿Qué es el hacktivismo o activismo hacker?

En muchos medios de comunicación y en las legislaciones de varios países, los hackers son contemplados como delincuentes informáticos. Y es cierto que algunos piratas informáticos han cometido actividades que pueden ser clasificadas como delitos y que han provocado cuantiosos daños por el simple placer de hacerlo o para el beneficio personal.

Pero esos son los llamados crackers, diferentes de los hackers. Dentro del colectivo, la mayoría reivindica la existencia de una ‘ética hacker que asegura que ellos se esfuerzan por lo que consideran que es el bien común: mejorar los programas informáticos y garantizar el libre acceso a la información.

Los hacktvistas (también llamados activistas tecnológicos o ciberactivistas) utilizan sus conocimientos informáticos para organizar acciones de protesta en defensa de la cultura libre y la no manipulación de la información. Según la web de los ciberactivistas españoles, sus principios fundamentales son “la construcción de una sociedad y una cultura libre, abierta y participativa a través de herramientas libres; el derecho a la privacidad, a no ser vigilados ni sometidos por ninguna corporación o institución; y el deseo de experimentar libre y colectivamente”.

Las organizaciones de ciberactivismo: no a las jerarquías

Las plataformas en las que se reúnen los hacktivistas para discutir propuestas y acordar medidas han puesto patas arriba las teorías de los estudiosos de los movimientos sociales, ya que no tienen portavoces, ni jerarquías. Las acciones se discuten y consensúan en los foros (como el famoso 4chan, uno de los mayores de Internet, que recientemente también sufrió un ataque), a través de listas de correo o del programa de chat IRC.

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“Esta es una comunidad abierta, asamblearia y horizontal y nunca es fácil coordinarse sin que alguien te diga lo que tienes que hacer”, advierte el wiki de los hacktivistas de habla hispana. “Por eso invertimos mucho tiempo en pensar juntas, en discutir y comunicarnos, y también en trabajar de forma abierta, colaborativa y documentada”, explican.

También apuestan por la creación de grupos de afinidad, con un reducido número de personas que tienen gran confianza entre ellos. Dentro de estos pequeños grupos y en coordinación de varios de ellos, diseñan acciones de “desobediencia civil” partiendo, aseguran, de la base de la no violencia.

Anonymous: desde la defensa de Assange a la revolución de Túnez

Si hay un grupo de piratas informáticos que ha obtenido fama mundial y ganado un buen puñado de seguidores (y detractores), ese es Anonymous. Se trata de un colectivo de un indeterminado número de personas -se estima que son miles- cuyos primeros ataques se dirigieron contra la Iglesia de la Cienciología, a la que consideran una organización “corrupta”.

En 2010, esta asociación cuyos miembros ocultan su identidad, según dicen, para protegerse, saltó a la palestra con una serie de ataques informáticos concebidos como una protesta por la detención de Julian Assange. Así, en diciembre de 2010 bloquearon las páginas de las organizaciones que habían actuado contra Wikileaks (Amazon, el banco suizo PostFinance, Paypal, Visa y Mastercard) a través de ataques DDOS. Es decir, ataques de denegación de servicio, que básicamente consisten en poner una página web fuera de línea a través de accesos masivos creados con programas informáticos.

Esta llamada ‘Operación venganza’ les ha costado a Anonymous la clausura de sus páginas de Facebook y Twitter y su situación en el punto de mira de las autoridades. Pero el colectivo no ha parado ahí.

En el mismo mes, el colectivo lanzó un ataque informático contra las webs del PSOE, el Ministerio de Cultura español y la SGAE (sociedad que gestiona los derechos de autor en España) por su apoyo a la llamada ‘ley Sinde’ -cuyo nombre deriva del de la ministra española de Cultura, Ángeles González-Sinde, que pretende acabar con las descargas ilegales en Internet.

Anonymous ha acabado metiéndose también en política, participando a su manera en las revueltas sociales desencadenadas en Túnez contra el régimen de Ben Alí después de que un joven se quemara a lo bonzo -y muriera días más tarde- en protesta por el abuso policial. El colectivo bloqueó la mayoría de las páginas oficiales del gobierno tunecino, en las que colgó un mensaje en el que criticaba la “censura insultante” del régimen.

Los ataques informáticos, ¿delito o protesta legítima?

“Esta es sólo una nueva manera de luchar. Lucharemos hasta que esta meta primaria sea lograda. Empezamos esta operación para salvar y proteger la libertad de compartir libremente información sin ninguna censura”, declaraba acerca de la ‘Operación Venganza’ un miembro de esta organización a la CNN, a la que explicó que esta meta primaria es crear “una sociedad utópica”.

Ataques informáticos como los perpretados contra la página de la SGAE están considerados de distinta forma en las legislaciones, y en España, por ejemplo, no se considera delito pero podría acarrear sanciones en caso de denuncia, según han alertado algunos abogados.

En todo caso, los ataques no son la única forma de protesta utilizada por estos colectivos. En contra de la ‘ley Sinde’, por ejemplo, los hacktivistas españoles crearon la web ‘Damos la cara’. En ella, cientos de personas muestran su retrato y un mensaje en favor de la cultura libre y las descargas. Es decir, una protesta pacífica.

En un informe sobre los ciberactivistas en Cataluña, el investigador Juan Carlos Aceros define el hacktivismo como una forma de “ecología política” y como “un nuevo movimiento social”. Los que no están de acuerdo con su activismo piden su persecución.

Delincuentes o simplemente antisistema, lo que está claro es que han llegado para quedarse, y que han logrado reconvertir a los nuevos tiempos las tradicionales sentadas y manifestaciones en la calle.

1 Comment

  1. […] de enero. Los activistas cibernéticos Anonymous realizan su primera operación política bloqueando varias páginas web del régimen en solidaridad […]

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