La felicidad interior bruta o cómo medir la economía más allá del dinero

La felicidad y como se mide

En el pequeño país asiático de Bután hace años que el gobierno atiende a la felicidad bruta de sus ciudadanos, y no a la producción, para valorar su progreso. Ahora, otros estados como Francia o el Reino Unido se apuntan a la moda del FIB en lugar del PIB.

¿El dinero da la felicidad? Es la eterna pregunta que desde filósofos griegos a premios Nobel de economía contemporáneos han intentado contestar. Aunque todavía no hay una respuesta concluyente, la economía moderna se ha dado cuenta de que el Producto Interior Bruto (PIB) puede que mida la riqueza de una nación, pero hace falta algo más para evaluar cuál es el bienestar real de los ciudadanos.

La Felicidad Interna Bruta (FIB) es una de las alternativas. ¿Y cómo se mide la felicidad?

Bután, rico en sonrisas (pero pobre en desarrollo)

Fue allá por 1974 cuando, en su toma de posesión como jefe de Estado, el rey butanés Jigme Singye Wangchuck acuñó el término ‘felicidad interior bruta’ y lo puso como prioridad por encima del PIB. El índice FIB se basa en cuatro pilares: un desarrollo económico sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno.

Es decir, es un concepto que trasciende los valores de las economías occidentales, basadas en producir y producir. “¿Y todo para qué? En cuanto llega la crisis todo desaparece: el trabajo, la casa, las posesiones, todo lo material; es un puro espejismo que no aporta ni seguridad ni felicidad”, afirmaba el año pasado el primer ministro butanés, Jigme Thinley.

Para medir la FIB se ha creado el Centro de Estudios Butaneses, que periódicamente hace una encuesta a los ciudadanos en los que pregunta no sólo por su bienestar económico, sino también por la salud, la educación y cuestiones más abstractas como el número de veces que se reza al día o si cuentan leyendas tradicionales a sus hijos.

Sarkozy y Cameron, en busca de la felicidad

En el Reino Unido, cada año se realiza una encuesta a los hogares en la que se pregunta sobre la calidad de vida. En 2011, incluirá temas más subjetivos ya que el primer ministro, David Cameron, quiere publicar periódicamente un índice de felicidad del país. Y que no sea sólo un montón de datos: “les daremos un lugar central en la elección y la evaluación de políticas públicas”, dijo en declaraciones recogidas por The Guardian.

Cameron no ha sido, no obstante, el primer occidental en querer medir la felicidad: ya hace un par de años el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quiso que los estudios estadísticos de su país incluyeran la medida de la felicidad de los franceses, aunque el proyecto está ahora mismo atascado en el Senado.

Son los primeros y quizás habrá más líderes occidentales que se sumen a la tendencia, aunque algunos economistas advierten que habrá que tener cuidado con estos proyectos, ya que al medir un tema subjetivo pueden acabar usando las cifras a su antojo.

¿Cómo se mide la felicidad?

Hay infinitas teorías sobre el tema. Algunos siguen la corriente creada por Richard Easterlin, que dice que la felicidad se mide por comparación con el vecino. De manera que un ciudadano de clase media de Wisconsin no tiene por qué ser menos feliz que uno pobre de Darfur, ya que uno se compara con lo que tiene alrededor.

Otros estudios descartan esta teoría como “una hipótesis tranquilizadora” –es decir, para conciencias intranquilas por la posible infelicidad en Darfur-, según el profesor Justin Wolfers, otro estudioso del tema. Wolfers y sus colegas relacionan el progreso económico de un país con el bienestar de sus ciudadanos: si se reduce la mortalidad infantil y se aumentan las oportunidades, todos serán más felices, defienden.

Ambas, en todo caso, relacionan felicidad con poder adquisitivo, con lo cual no está muy alejado, en realidad, de lo que mide el PIB. Incluso el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU ha sido criticado por tener en cuenta los mismos parámetros.

Costa Rica, el país más feliz del mundo

Otras organizaciones, como la Fundación Nueva Economía (NEF), toman en cuenta otros indicadores. La NEF realiza cada cierto tiempo su informe Índice del Planeta Feliz, en el que no sólo analiza la felicidad de los ciudadanos sino también cuánto le está costando esta al planeta en términos ecológicos.

Según este índice, los ciudadanos más felices son los de Costa Rica, y el primero en la clasificación entre los países del G-20 es Brasil, que está en novena posición. De hecho, nueve de los diez estados con mayor IPF son sudamericanos, lo cual da para reflexionar sobre el tema.

La NEF tiene, sin embargo, una mala noticia hasta para los habitantes más felices de la tierra: “ningún país consigue alcanzar con éxito los tres objetivos de gran satisfacción con la vida, alta esperanza de vida y un planeta para vivir [expresión que implica que una persona o región no necesite más de un planeta para seguir con su desarrollo actual]”.

La experiencia de Bután es inexportable. Pocos países reúnen las condiciones de seguir una religión y filosofía tan fuertemente orientada a la felicidad como el budismo, al tiempo que han estado, hasta hace bien poco, completamente cerrados al exterior (la televisión e Internet llegaron juntos en 1999).

Sin embargo, si el bienestar de los ciudadanos se mide correctamente, y se tiene en cuenta, es probable que se traduzca en una mejora de la vida de los ciudadanos. Eso cuando los economistas consigan lo que el ser humano lleva milenios buscando: la fórmula de la felicidad.

2 Comments

  1. […] el lugar donde inventó el concepto de ‘Felicidad Interna Bruta’, al que da hoy en día casi la misma importancia que al PIB del país. El turismo está […]

  2. Hola
    Me ha parecido muy interesante vuestro post.
    Me ha servido de ayuda para elaborar una entrada con un enfoque alineado al vuestro.

    http://www.pacoprieto.com/el-dinero-no-da-la-felicidad-pero-tu-smartphone-si.html

    Un saludo,
    Paco Prieto

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