Borrados del mapa: pueblos desaparecidos bajo el agua

Pueblos condenado a quedar bajo el agua

La construcción de presas y embalses a veces conlleva inundar intencionadamente desde aldeas a comarcas enteras. La historia de las comunidades que vieron su pasado sepultado para siempre.

Un gobierno decide construir un pantano para garantizar el suministro eléctrico de la población y se topa con un problema: en la zona hay lugares habitados. Al mismo tiempo, una familia que lleva generaciones viviendo y trabajando en el mismo pueblo se da de bruces con la noticia de que, en unos meses, todo lo que hasta entonces llamaban hogar simplemente dejará de existir. En teoría, por el bien de todos.

Muchos se resisten, pero la mayoría se acaban resignando a que su única posibilidad es empezar de cero, a veces sin que se les faciliten los recursos necesarios.

Riaño, el plan de Franco acabado en democracia

“Creíamos que era un abuso más del régimen, y que con el nuevo sistema se pararían las obras. Estábamos equivocados”, explica el antiguo alcalde del pueblo español de Riaño (León), anegado intencionalmente en 1987 con otras ocho localidades por un proyecto impulsado por el dictador Francisco Franco y ejecutado por el gobierno democrático socialista.

El desalojo del pueblo, que fue completamente demolido con excavadoras y voladuras, se convirtió en una batalla entre los vecinos y la Guardia Civil. Un ciudadano se suicidó antes de que derruyeran su casa. Pero finalmente, en 1987 tuvieron que ceder y abandonar la comarca, mudándose al ‘nuevo’ Riaño, construido encima del embalse. “Allí estaba el ayuntamiento, una promoción de VPO y poco más”, asegura el antiguo edil en el programa ‘Riaño sigue vivo y no olvida’ de RNE.

Según algunos detractores del proyecto, este se aceleró para que se hiciera antes de que entrara en vigor, en 1988, una directiva europea sobre medio ambiente que lo habría paralizado. “Es mentira que se corriera, pues en ningún caso ese decreto impedía realizar la obra”, aseguraba hace cuatro años el ministro de Obras Públicas de la época, Javier Luis Sáenz de Cosculluela. Hoy, Riaño ha tenido que dejar de vivir de la ganadería y la población se ha reducido de decenas de miles a apenas 1.100 vecinos. La iniciativa Riaño Vive lucha por recuperar los pueblos antiguos, mientras que otros prefieren dejarlo todo como está, eso sí, aprovechando los recursos del pantano que aún no ha dado los beneficios prometidos a la comarca.

Corrupción en la presa de las Tres Gargantas

El caso más reciente de desalojo por construcción de un embalse supuso la inundación de 140 ciudades y 1.392 pueblos en China, así como numerosos yacimientos arqueológicos de una zona habitada durante milenios. Entre 1,2 y 1,4 millones de personas fueron reubicadas entre 1993 y 2008, algunos en nuevas ciudades construidas para tal propósito por encima del nivel del agua, y otras en núcleos urbanos próximos o incluso en zonas remotas del país.

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Aunque hubo quienes creyeron la propaganda del régimen y aceptaron que tenían que cambiar de vida por un bien mayor, muchos afrontan un futuro dramático al haber tenido que adaptarse a la vida urbana de un día para otro sin apenas recursos, ya que gran parte de las indemnizaciones (que no superaban los 4.000 dólares de media) no llegaron a los afectados, sino que se quedaron en manos de oficiales corruptos. “Al final, más de un millón de personas terminaron deambulando por las regiones de la montaña y la colina“, cita la agencia IPS.

Además, la construcción de la presa ha provocado deslizamientos de tierras y se cree que podría acabar en un desastre ecológico que obligaría a desplazar al menos a otro millón de ciudadanos antes de 2020.

Los pueblos perdidos de Ontario

“Hay que conservar la idea de que el hecho de que nuestros padres tuvieran que pasar esa experiencia los convierte en verdaderos héroes”, dice con el típico patriotismo americano un descendiente de los habitantes de los ‘pueblos perdidos’ de Canadá en un documental de The Globe and Mail.

Unas 6.500 personas repartidas en diez localidades fueron trasladadas a finales de los años cincuenta para construir la vía marítima de San Lorenzo, que permitía llevar mercancías en barco hasta el interior del país. No hubo batallas o resistencia, y la mayor parte de las familias aceptaron las indemnizaciones o el traslado de sus casas de madera en tractores a otros poblados. A pesar de ser una comunidad con no más de 130 años de historia, aún hoy los que presenciaron el traslado hablan de él con amargura.

“En los 50 no había nada parecido a las protestas”, explica Jane Craig, presidenta de la Sociedad Histórica de los Pueblos Perdidos, en la web canada.com. “Cuando el gobierno decía que había que hacer algo, se hacía. No podría haber pasado hoy como pasó entonces, de ninguna manera”. Hoy, dos generaciones después, los recuerdos se han reunido en un museo convertido en atracción turística.

Los indígenas de Bel Monte

Sí ha habido lucha, aunque infructuosa, en la Amazonia brasileña en contra de los planes para construir la presa de Belo Monte, aprobada por el gobierno de Dilma Rousseff en junio de 2011. En plena selva, no se llevará muchos pueblos por delante, pero sí las zonas habitadas por comunidades indígenas desde hace cientos de años.

En el área que ocupará la presa, que será la tercera más grande del mundo, viven unas 50.000 personas que tendrán que ser reubicadas. La asociación Survival International alerta, además, de que en la zona existen comunidades indígenas que no han tenido apenas relación con la civilización y que verán destruido su modo de vida.

Durante más de veinte años, activistas internacionales y brasileños -sobre todo indígenas- se han opuesto al proyecto en una lucha en la que no han faltado misteriosos asesinatos como el del coordinador del ‘Movimento pela Transamazônica e do Xingu’, Ademir Federicci, en 2001.

El informe Presas y desarrollo, publicado en 2000 por la Comisión Mundial de Presas, decía que estas obras de ingeniería “han hecho una contribución importante y significativa al desarrollo humano, y los beneficios derivados de ellas han sido considerables [pero] en demasiados casos se ha pagado un precio inaceptable y con frecuencia innecesario para asegurar esos beneficios, sobre todo en términos medioambientales y sociales”.

URL de la imagen:

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Ria%C3%B1o_antiguo.jpg

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