¿Quién gobierna la Antártida? El futuro del único continente despoblado

Antártida, es el continente más rico en minerales y pretróleo

Los hielos antárticos esconden cantidades desconocidas de minerales y petróleo, aunque la comunidad internacional se ha comprometido a mantenerlo como reserva natural y científica. ¿Durará?

La Antártida es un lugar donde los récords son el pan de cada día. Es el continente más alto del mundo, y curiosamente también el más seco. Allí se han registrado la temperatura más baja de la historia, -89,3 grados centígrados, y los vientos más fuertes, de 327 kilómetros por hora. También puede llegar a convertirse en la mayor mina del mundo, o incluso ser explotada para la obtención de agua dulce, a partir de 2048. O antes.

El Tratado Antártico y las reclamaciones territoriales

La Antártida no pertenece a ningún país, pero hay siete que aseguran tener soberanía sobre diferentes áreas que, en algunos casos, se solapan entre ellas: Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido. Rusia y Estados Unidos no definen una zona propia, pero aseguran que tienen “fundamentos para reclamar”.

Estos siete estados firmaron, junto a Bélgica, Francia, Japón y Sudáfrica, el Tratado Antártico, que en 1959 estableció que “la Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos”, garantizó la libertad de investigación científica y prohibió que se hiciera efectiva ninguna reclamación de soberanía.

Progresivamente se han ido uniendo más países al Tratado, hoy compuesto por veintiocho miembros consultivos con derecho a participar en la toma de decisiones -España se encuentra entre estos estados, que han tenido que demostrar su interés científico instalando bases en el continente- y otros veinte que asisten a las reuniones como invitados. En total, cuarenta y ocho países miembros.

En 1991 se firmó el llamado Protocolo de Madrid, que entró en vigor en 1998 y prohíbe la explotación minera durante 50 años.

[publi]

Los recursos antárticos

“La humanidad no obtendrá beneficio alguno de la Antártida”, dijo el capitán James Cook, uno de los primeros en explorar su costa, en el siglo XVIII. De momento, sólo los resultados de las investigaciones científicas han revelado datos como los efectos que tuvo la Revolución Industrial sobre el medio ambiente, o la existencia de organismos resistentes a la radiación.

Pero, al margen de los hallazgos científicos, bajo el hielo se esconden cantidades aún desconocidas de minerales (oro, plata, hierro, cobre y zinc entre ellos), gas natural y petróleo. Aunque algunos investigadores aseguran que explotar estos recursos sería demasiado costoso, existen estimaciones de que los hielos antárticos podrían albergar entre 50 y 200 billones de barriles de petróleo (esta cifra iguala a la extracción total de petróleo en Estados Unidos en toda la historia).

Otra de sus riquezas es la pesca, que está limitada pero no prohibida, y el turismo. Actualmente, la Antártida recibe unos 40.000 visitantes al año, y no hay ninguna limitación al respecto que no sea, de momento, la del propio mercado.

Además cuenta, en el hielo y en lagos subglaciales como el Vostok, con el 70 por ciento del agua dulce del planeta, que si algún día escasea en el primer mundo puede convertirse en un recurso más poderoso que el petróleo.

Los defectos del Tratado Antártico

Greenpeace relata, en Cómo salvamos la Antártida, que a mediados de los ochenta dedicó la mitad de sus recursos para que todo el continente fuera declarado ‘Parque Mundial’ a semejanza de los parques nacionales, como acabó sucediendo en el protocolo de Madrid. “La Antártida había sido salvada de una amenaza mortal”, concluye triunfante la ONG.

Lo cierto es que la letra pequeña tanto del Tratado como del Protocolo de Madrid hacen que estos documentos puedan convertirse en simple papel mojado si uno de los miembros se retracta de sus buenas intenciones. Para empezar con la cuestión de soberanía, la propia Secretaría del Tratado reconoce que éste “salvaguarda las diferentes posiciones de los Estados” y deja bien claro que los países con reclamaciones territoriales pueden seguir teniéndolas.

Sobre la prohibición de la minería, explica el gobierno australiano, ésta “puede ser modificada en cualquier momento si todas las partes están de acuerdo”. Si alguno de los miembros lo pide, en 2048 se celebrará una nueva conferencia para revisar el Protocolo, “siempre que al menos tres cuartas partes de los actuales miembros consultivos estén de acuerdo, esté en vigor un régimen legal para controlar la minería, y los intereses de soberanía de las partes están salvaguardados“. Además, el documento no prohíbe la actividad minera ni recoge sanciones para los países que no lo firmaron.

Las amenazas reales a la Antártida

“La insistencia de los Estados Unidos en incluir una cláusula de abandono[en el Protocolo de Madrid] es la prueba de sus verdaderas intenciones, concretamente entrar [en el mercado del] petróleo de la Antártida cuando se presente la oportunidad”, aseguraba un artículo de la Universidad Estatal de Florida en 1998, el año que la prohibición minera entró en vigor.

En 2009, el geobiólogo Jeff Marlowe viajó a la isla King George, el lugar más accesible de la Antártida. Marlowe relató para la revista Wired cómo el lugar está saturado de bases científicas que en ocasiones ni siquiera se usan como tales, y explicaba que “varias de estas estaciones han hecho un gran esfuerzo para promover la vida civil, con la esperanza de legitimar aún más sus reclamos territoriales ejerciendo sus culturas en las colonias en la Isla del Rey Jorge”. Una especie de conquista a cámara lenta a través del poder blando, con gestos como la instalación de una iglesia ortodoxa rusa o el lanzamiento de palomas blancas -la mayoría de las cuales murieron congeladas en minutos- desde la base china.

Los países miembros empiezan a desconfiar del tratado y a abrir la puerta a una política menos pasiva de reivindicación de sus recursos. En agosto de 2011, el think-tank australiano Lowy Institute definía el Tratado Antártico como “un compromiso frágil e imperfecto” y advertía que conforme los precios del petróleo van subiendo y el mercado se va haciendo más pequeño “es probable que el marco actual de administración de la Antártida a través de la cooperación internacional se encuentre bajo creciente presión y no pueda ser sostenido”. Por eso, llama al gobierno australiano a esforzarse por hacer valer sus derechos sobre el territorio antártico.

Así, aunque de momento suenan sólo voces tímidas, conforme se acerque la fecha límite puede que los países del Tratado, en incluso otros nuevos, encuentren nuevos argumentos para explotar el continente antártico. Hasta entonces, el desarrollo del turismo y la pesca ilegal están también encima de la mesa, pero ni la comunidad internacional ni las mayores asociaciones ambientalistas tienen la Antártida como prioridad en sus agendas. Si será o no demasiado tarde cuando vuelva a la primera línea, sólo el tiempo lo dirá.

URL de la imagen:

http://en.wikipedia.org/wiki/File:Antarctica_Route_1.jpg

6 Comments

  1. Daniel dice:

    Como se podría salvar la Antartida de eses paises?

  2. anto dice:

    no pienzo leer todo esto pero aa no te dise nombres de los gobernadores ponganlooo

  3. Edu dice:

    Están esperando como buitres para explotar la Antártida. Lo de el Tratado Artico yo creo que define quienes son los que se van a beneficiar el día que se de el caso.

  4. BaltyIV dice:

    Explotar la antartida reclamar paises y contruir ciudades pueblos agricultura me parece muy mala idea pesima en la antartida no deben existir bases permanentes la antartida no deberia habitarla nadie por que no llegamos a colonizar ahí despues contaminarla con petroleo contruir fabricas no mala idea es mejor que se como es pero sin bases permanentes

  5. Salvador Franco. dice:

    Es raro que las grandes potencias no se hayan apoderado de la Antártida, sobre todo cuando se sabe de las enormes riquezas naturales que ahí se encuentran. ¿No será que, como dicen algunas teorías conspirativas, existe información no dada a conocer sobre avistamientos de naves extrañas en esos lugares que permiten aceptar la posibilidad de la existencia de otro tipo de vida? Solo para reflexionar un poco.

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