Paisajes de Nueva Zelanda: la Southern Scenic Route

Los paisajes de Nueva Zelanda

En un viaje por las carreteras de Nueva Zelanda no puede faltar un recorrido por esta ruta, entre Dunedin y el Paso de Milford. Recorrerla conduciendo, con sus cambios de paisaje entre la costa y la cima de las montañas de Fiordland, es una experiencia inigualable.

La Southern Scenic Route es una carretera asfaltada, con un carril por sentido y 440 kilómetros de largo que a veces son interminables rectas por las que hay que resistir la tentación de superar el límite de velocidad (100 kilómetros por hora) si no se quieren pagar multas de a partir de 120 dólares.

Parte desde la Edimburgo del sur, Dunedin, y termina en la costa de Fiordland, en el Milford Sound. Sólo se desvía en Balclutha, donde hay que cuidar de seguir hacia el sur en lugar de continuar por la ruta 1 hacia el oeste. Lo ideal es recorrerla en tres días, pasando la primera noche en Invercargill o Bluff y las otras dos en Te Anau (sin incluir la visita a Dunedin, a la que se debe dedicar como mínimo dos días). Por el camino hay numerosas paradas para hacer rutas cortas a pie, de las que se pueden destacar las siguientes.

– Dunedin. Quien haya visitado la ciudad escocesa de Edimburgo se divertirá descubriendo nombres de calles compartidas por su hermana en Nueva Zelanda. Además, la estación de ferrocarril, hoy casi en desuso, es el edificio más fotografiado del país.

– Nugget Point. La primera parada destacada en los Catlins, con vistas desde un acantilado donde está uno de los faros más antiguos de Nueva Zelanda. Recibe su nombre de las rocas que se levantan en la costa, que parecen nuggets. En teoría se pueden ver pingüinos, pero hacen falta binoculares e ir en época de cría a la hora adecuada. Ida y vuelta 20 minutos.

– Purakaunui Falls. Unas cataratas con forma de escalera a las que se puede acceder por un camino de 20 minutos ida y vuelta.

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– Cathedral Caves. Estas grutas, cuyo nombre deben a su altura, sólo son accesibles con marea  baja, así que hay que comprobar el estado de las aguas en el panel informativo que hay en el aparcamiento junto al camino de acceso. Una hora y media ida y vuelta.

– Invercargill. En cuarenta minutos caminando se pueden ver los principales lugares históricos de la ciudad: la torre del agua, Queen’s Park, Railway Hotel, Bank Corner y la basílica de St. Mary.

– Bluff. La ruta histórica pasa por un cementerio, una iglesia y una oficina postal que pasarían desapercibidas en una ciudad de Europa o de México, sólo para los que estén muy interesados en el pasado del asentamiento más antiguo de Nueva Zelanda. Sí es curioso, al final del camino (que se puede recorrer en coche) Stirling’s Point, un poste señalando las distancias a doce lugares del mundo.

– Colac Bay. Esta bahía que parece un típico puerto de vacaciones es un buen lugar para pararse a descansar o almorzar.

– Monkey Island. Cuando hay marea baja se puede acceder al pequeño islote caminando, y cuando no la playa se llena de gaviotas. Un ejemplo perfecto de la costa sur a cinco minutos de la carretera al que se puede acceder en coche.

– Tuatapere. No hay nada que ver en este pueblo a no ser que se quieran probar sus famosas salchichas o hacer una caminata de tres días hacia la costa. Pero Tuatapere es el ejemplo perfecto de cómo el desmantelamiento de la red de ferrocarril acabó con la vida de las ciudades de la isla sur, con un único y solitario tramo de vía de tren frente a la antigua estación.

–  Manapouri. La carretera pasa junto a esta localidad, a orillas del lago del mismo nombre, con buenas vistas de las montañas. Los cruceros al Doubtful Sound parten del puerto, con el patrióticament americano nombre de Pearl Harbour.

– Te Anau. La última ciudad antes de llegar a Milford Sound, donde hay que asegurarse de repostar para poder hacer los 240 kilómetros de ida y vuelta al fiordo. Desde aquí parten las excursiones organizadas al fiordo, y también la ruta Milford Track, que termina también en el fiordo tras tres días de caminata. Una ruta corta recorre la margen del lago Te Anau.

– Milford Road. La carretera que lleva a los fiordos, como decía una publicidad turística, “no es sólo un viaje, es un destino en sí mismo”. Por el camino hay numerosas paradas, bien señalizadas y con caminos habilitados para ver cascadas, lagos o vistas de las montañas. Destaca el paso por el oscuro túnel Homer, que con sus paredes de piedra vista despierta la sensación de estar atravesando la montaña, y The Chasm, una catarata con rocas moldeadas con formas cóncavas y convexas por la erosión del agua a las que se llega en diez minutos por un camino que cruza el bosque.

– Milford Sound. En la boca del fiordo sólo hay una caminata corta, la del mirador de Milford, que está casi totalmente cubierto por árboles, así que las vistas no son gran cosa. Lo único que se puede hacer es tomar un crucero por los fiordos o un barco hasta el principio del Milford Track.

La carretera continúa hacia el norte por los glaciares, las rocas Pancake, los viñedos y la lengua de arena más larga del mundo, otro viaje en Nueva Zelanda que merece la pena planear.

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